Es una de las primeras preguntas que surge al plantearse incorporar personal interno: ¿cuánto cuesta realmente? La respuesta honesta es "depende", pero el coste tiene una estructura fija que conviene entender antes de empezar a buscar candidatos.
Contratar a una empleada de hogar interna de forma legal implica tres partidas: el salario bruto acordado, la cotización a la Seguridad Social a cargo del empleador, y —en algunos casos— pluses por manutención o alojamiento si no están ya incluidos en el propio puesto interno. No tenerlas todas en cuenta desde el principio es la causa más habitual de sorpresas de presupuesto más adelante.
El salario de una empleada de hogar debe respetar, como mínimo, el Salario Mínimo Interprofesional (SMI) vigente cada año, prorrateado según la jornada. Para personal interno, además, la normativa fija un límite de horas de presencia y descanso que conviene conocer bien, ya que afecta directamente a cómo se calcula la retribución. El importe exacto varía según la comunidad autónoma, la experiencia del perfil y las funciones concretas del puesto, pero siempre debe partir del SMI actualizado, no de cifras de años anteriores.
Como empleador, existe la obligación de dar de alta a la trabajadora en el Sistema Especial de Empleados de Hogar de la Seguridad Social y cotizar mensualmente. La cuota se calcula sobre una base de cotización que depende del tramo salarial, y se reparte entre empleador y trabajadora en los porcentajes que marca la ley vigente. Esta cotización no es opcional: trabajar "en negro" expone al empleador a sanciones económicas significativas y deja a la trabajadora sin cobertura ante bajas, desempleo o jubilación.
Dentro del marco legal, el coste final varía según la experiencia y especialización exigida (no es lo mismo apoyo doméstico general que cuidado de personas mayores con patologías concretas), el número de personas a cargo en el hogar, si se solicitan idiomas u otras competencias específicas, y la zona geográfica, ya que el coste de vida y la disponibilidad de perfiles cualificados no es igual en todo el territorio.
Un perfil mal seleccionado que dura pocos meses obliga a repetir todo el proceso —anuncio, entrevistas, periodo de adaptación— además del desgaste que supone para la familia. Por eso, en Homelax incluimos evaluación psicológica y verificación exhaustiva de referencias en cada proceso: el objetivo no es encontrar a la persona más barata, sino a la que realmente encaja y permanece a largo plazo.
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